Seguridad Económica

La paradoja del Fondo de Estabilización Macroeconómica

Posted on marzo 17, 2011. Filed under: Seguridad Económica |

Por: David Pinto

Una de las causas fundamentales de las altas y persistentes tasas de inflación en Venezuela reside en la volatilidad de los precios del petróleo. Así, durante épocas de auge petrolero el país se ve inundado de petrodólares excesivos. Por lo tanto el consumo se incrementa abruptamente y la economía se sobrecalienta, dadas sus limitaciones estructurales. Este sobrecalentamiento genera inflación. Por otra parte, cuando los precios del petróleo bajan, disminuyen los petrodólares y con ello la capacidad de importar bienes. Esto se traduce en una devaluación del bolívar, con lo cual se incrementa el precio de los bienes importados y se perpetúa la alta tasa de inflación heredada de la época de auge.

Para evitar este tipo de desequilibrios se creó el Fondo de Estabilización Macroeconómica (FEM). El objetivo de este fondo es ahorrar los recursos excesivos que se generan cuando los precios del petróleo suben y desahorrar dichos recursos en épocas de precios bajos. Así, mediante el correcto funcionamiento del FEM se garantizaría un crecimiento económico sostenible y con baja inflación.

A diferencia de otros países como Chile y Kuwait, donde se han implementado de forma exitosa fondos similares, en Venezuela el funcionamiento del FEM no ha sido acertado. Al observar el gráfico de arriba se aprecia que de hecho el FEM ha funcionado al revés. En la época de precios bajos (1999-2002) se ahorraron divisas y luego, cuando los precios del petróleo subieron entre 2004 y 2007, se gastaron estos recursos. Conclusión, el estado venezolano ahorra cuando los ingresos no alcanzan y desahorra cuando los ingresos son excesivos.

Las causas de esta paradoja residen en la indisciplina fiscal y en el manejo discrecional de la renta petrolera. Así, se observa como durante los años de auge petrolero se mantenía un déficit fiscal recurrente. Dada esta voracidad fiscal, se le han hecho varias reformas a la Ley del FEM, para de esta forma poder disponer de los recursos ahorrados en éste. Adicionalmente, en 2005 en contraposición al FEM se creó el Fondo de Desarrollo Nacional (Fonden). A diferencia del FEM, la idea del Fonden no es ahorrar, sino gastar. Cabe destacar que gran parte del gasto del Fonden es un gasto discrecional, dado que no está sujeto a las reglas institucionales a las que está sujetas el FEM. Los resultados de este manejo de la renta petrolera son evidentes: Altas tasas de inflación anuales cercanas al 30% y un crecimiento del PIB volátil.

Finalmente se concluye que para poder lograr el funcionamiento adecuado de un mecanismo de ahorro macroeconómico el estado debe mantener una política fiscal anticíclica (disciplina fiscal). Pero más que una política fiscal equilibrada, debe apuntarse hacia el fortalecimiento de las instituciones del estado, las cuales deben estar sujetas a un mecanismo transparente de rendición de cuentas. Esto le permitiría al estado ganar reputación y credibilidad en el manejo de la política fiscal, lo cual garantizaría a la vez una gestión exitosa del fondo de estabilización. Esto se traduciría en una baja inflación y en un crecimiento económico sostenible.

David Pinto

@davidfpinto

wirtschaftvenezuela@yahoo.com

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¿Transferencia tecnológica? No, gracias.

Posted on marzo 9, 2011. Filed under: Seguridad Económica |

Por: Daniel de Majo

Hay algo que deben tener muy claro los próximos gobiernos de Venezuela: no son muchos más los años que quedan del petróleo como fuente abundante de dinero. En el mundo se están haciendo esfuerzos titánicos para generar fuentes más limpias y económicas de energía, por lo que nos toca empezar a desarrollar otros sectores de la economía.

Lamentablemente, somos especialistas en muy pocas cosas. Es por eso que, cada vez que necesitamos de tecnología para desarrollar algún sector, explotar nuestros recursos naturales o incursionar en un nuevo mercado, hemos recurrido a la transferencia tecnológica de alguien en el exterior.

La idea en principio no es descabellada, y pareciera tener mucho sentido:

Escogemos un sector que queremos desarrollar, buscamos algún país que ya tenga trayectoria y les abrimos las puertas para que inviertan en Venezuela. Nosotros ganamos una tecnología que no existe en el país, con muy poco riesgo involucrado, se capacitan a venezolanos, se traen capitales extranjeros y se crean empleos. Ellos, logran entrar a un mercado desatendido, en algunas ocasiones con concesiones, convenios de exclusividad o beneficios fiscales.

Sin mucho análisis, la cosa pinta bien: si no tenemos una tecnología y alguien la tiene, pues lo traemos y nos aseguramos que una vez ellos se vayan, hayamos aprendido su tecnología y podamos seguir adelante sin ellos.

Ahora, ¿será real esta transferencia tecnológica?

En principio hay que entender que en los mercados donde se invierte fuertemente en investigación y desarrollo son sumamente competitivos y riesgosos. El proceso de desarrollar tecnologías es caro, y en la mayoría de los casos, no es exitoso. Sin embargo, las ocasiones donde se logran avances tecnológicos y son mercadeables, se generan ventajas competitivas tan grandes, que hace que valga la pena el riesgo.

Dado esto, las empresas que desarrollan tecnologías, tienden a proteger su gallina de huevos de oro mediante 2 posibles métodos: el secreto industrial o la patente.

El secreto industrial es simplemente contrario a la transferencia tecnológica, por lo que nos quedan las empresas que se van por la protección legal de sus desarrollos. En estos casos, las empresas buscan todos los mecanismos posibles para poder crecer geográficamente sin poner en riesgo el uso exclusivo de su invención.

El primer paso es patentar la tecnología en el país destino. Lamentablemente en Venezuela es prácticamente imposible lograr una patente, por lo menos en un tiempo lo suficientemente corto como para proteger la tecnología antes de que se vuelva obsoleta.

Una vez inicia el proceso de transferencia, se implanta en el país la infraestructura capaz de producir y utilizar la tecnología. En algunos casos, incluye la construcción de plantas para la producción y capacitación de personal local en el uso de esta tecnología. Véase bien, uso, no desarrollo. Casi siempre los nuevos desarrollos quedarán en casa matriz, nosotros sólo seremos usuarios. De esta manera se protegen de no perder su ventaja competitiva.

No siempre es así. Hay experiencias exitosas de transferencia tecnológica real: al momento que Brasil tomó la decisión de implantar una tecnología de televisión digital, existían 3 grandes estándares de dominio mundial: el americano (ATSC), el europeo (DVB) y el japonés (ISDB-T). Luego de realizar los estudios técnicos y económicos, el gobierno de ese país decidió adoptar el que veían que se acercaba más a sus requerimientos: el japonés. Sin embrago, dado que Brasil es un mercado tan grande, se dieron el lujo de condicionar la elección a que se desarrollara un estándar particular para las características de ese país (SBTVD-T)  y que la fabricación de todos los componentes electrónicos se realizara en suelo brasileño. De esta manera se logró que la tecnología se trasladara al país destino y se empezaran desarrollos, que han venido convirtiéndose en una fuente muy importante de ingresos y beneficios económicos para ese país.

Si no se trabaja la transferencia tecnológica con una visión similar al ejemplo anterior, por si sola no es más que recibir el pescado sin preocuparnos en lo absoluto en aprender a pescarlo. No hay caminos cortos, y el progreso pasará por escoger sectores estratégicos, invertir en investigación y universidades y concertar políticas de cooperación público-privada.

La protección del capital intelectual es clave. Se debe desarrollar un sistema de patentes eficiente que permita traer tecnologías de cualquier parte del mundo sin riesgo a plagio por no existir instituciones y leyes que los protejan. Las políticas de protección deben ir acompañadas a convenios internacionales de homologación de patentes y cooperación que permitan aumentar el poder de negociación de los países.

Ningún país se vuelve próspero apostando a traer indefinidamente tecnologías extranjeras. Nos toca esforzarnos, aprendiendo de las experiencias de otros países y planificando y sosteniendo políticas a largo plazo de desarrollo tecnológico.

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danieldmv@gmail.com

@dandmv

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Reaganomics, Responsabilidad Fiscal y la Transición

Posted on febrero 18, 2011. Filed under: Seguridad Económica |

José Ramón Morales Arilla – @josemoralesa

Ronald Reagan (R) fue electo en 1980 tras derrotar a un “incapáz” Jimmy Carter (D) en 43 estados de 50 (a lo que estudiosos venezolanos se referirían como “medio palo”).

Su campaña se basó en un “objetivo único”: Reducir el tamaño del Estado. Esto implicaba recortar en paralelo impuestos y gastos (salvo para Defensa). Si bien la disminución de partidas sociales era impopular, la percepción de que el déficit y los altos impuestos heredados de Carter eran los culpables de la inflación y el desempleo le dio a Reagan la Casa Blanca.

Cada partido controlaba una de las cámaras del Congreso por un pequeño margen. Muchos economistas se oponían a las ideas de Reagan porque no daban respuesta al déficit (si gastas más de lo que ingresa, y reduces ambos factores, sigues gastando más de lo que te ingresa). En parte por esto, y en parte para que no le echaran cuchillo a proyectos en sus regiones, muchos de los Republicanos en el Congreso se oponían a la reforma. Los analistas veían con escepticismo la probabilidad de éxito…

Pero la agresividad con que Reagan asumió la reforma no tenía un solo precedente. A menos de un mes de su inauguración ya había presentado su propuesta de reforma y había concentrado la atención del país en un solo problema: la Economía.

Un factor determinante en su eventual éxito fue lograr que el Congreso discutiera y aprobara los agregados presupuestarios antes de definir su distribución. La norma establecía que ambos factores debían “reconciliarse”, así que el nivel de gastos se discutía mientras tenías a todos los grupos de presión pidiéndote plata sin un límite establecido. Esto genera todos los incentivos para terminar gastando lo que se conoce en la academia como una Bola de Plata.

Reagan y sus aliados en el Congreso (entre ellos el presidente de la Comisión de Finanzas) se agarraron de una excepción hecha años antes que establecía que el Congreso podría discutir el presupuesto de forma secuencial. Solo una vez aprobado el marco fiscal se discutiría el destino de los reales. Operar de esta forma les permitió enfocar todo el capital político de Reagan en aprobar los recortes deseados de forma expedita y libre de las presiones distributivas. El resto es historia.

La sola idea de que en Venezuela se discuta el presupuesto suena quimérica:

  • Desde 2005 la Asamblea lo aprueba íntegro como lo manda el Ejecutivo.
  • Entre créditos adicionales y gasto extrapresupuestario (FONDEN y otros fondos, Gasto social de PDVSA, Subsidio a la gasolina, etc.) se termina gastando mucho más de lo que se aprueba.
  • La verdad nadie le para al proceso.

Al final el gobierno (todos los que hemos tenido) gasta lo que quiere. Como no hay un límite establecido, todo Ministerio, Organismo, Universidad, Región, Sindicato o Grupo Organizado que se respete a si mismo exige plata como si no hubiera un mañana. Si nos pegamos el Kino petrolero, el gobierno paga. Si no, la única forma de pagar es con inflación, impuestos, deuda y recesión.

Evitar todos estos males es solo una de las razones por las que la responsabilidad fiscal debería ser prioridad en la agenda pública nacional. Sin embargo, ese no es el caso. Es difícil priorizar la responsabilidad fiscal (una necesidad para el bienestar de todos en el largo plazo) si se discute en paralelo a “reivindicaciones” inmediatas, siempre tan luchadas y merecidas por quienes protestan ese día.

Ahora: ¿Qué debe hacerse en el marco de la transición para promover la responsabilidad fiscal?

Una primera movida podría ser lanzarse la de Reagan. Los artículos 38 y 39 de la LOAFSP establecen que el Ejecutivo debe presentar el proyecto de presupuesto (con agregados y distribución) a la Asamblea el 15 de octubre. Esta debe aprobarlo antes del 15 de diciembre.

Estos artículos podrían reformarse. El Ejecutivo (con respaldo de BCV y PDVSA, independientes para la fecha) presentaría el Proyecto de Agregados Presupuestarios (Impuestos, Gastos y Endeudamiento) a la Asamblea en Marzo, para ser aprobados en Junio. Con este marco escrito en piedra, el Ejecutivo presentaría el Proyecto de Distribución Presupuestaria en Julio, para aprobarse en Diciembre.

Armar una coalición para mover los tiempos del debate presupuestario no pareciera imposible, y podría tener un enorme impacto tanto en la calidad de la política fiscal, como en la eficiencia de los gastos en cada organismo (Si hay un límite, financio solo aquello que es realmente necesario. Si no hay un límite, financio todo).

El esfuerzo podría ser fútil si no se prohíben los gastos extrapresupuestarios, sin órganos contralores independientes, o sin una Asamblea plural. Sin embargo, esta reforma permitiría que el debate fiscal se desarrolle con el detalle requerido, promoviendo las reformas incrementales que se requieren.

¿Qué opinan?

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Emprendimiento en Venezuela: de la educación para el trabajo al Doing Business

Posted on febrero 14, 2011. Filed under: Seguridad Económica |

Escribo el siguiente post en respuesta –o más bien como complemento- del post de Ana, sobre el tema de la innovación emprendedora en Venezuela.

Ana plantea la educación como una herramienta para mejorar las capacidades innovadoras y emprendedoras de los venezolanos. Sin embargo, cuando miro a una señora a las 5 de la mañana en la Valle-Coche vendiendo un combo que incluye café, cigarro y mentica para el aliento, no puedo dejar de pensar que su “innovación emprendedora” no tiene nada que envidiarle al tipo que inventó el lapicito scotch bright que quita manchas de la ropa. Mi punto –más allá de hacer el elogio de dos productos que me han salvado la vida en varias ocasiones- es que plantear los problemas en términos de educación, si bien es relevante, no es demasiado práctico en este caso en particular.

El tema de innovación en Venezuela puede dividirse en dos aristas distintas: por un lado tenemos a los Scotch Bright venezolanos –las grandes empresas- y sus departamentos de desarrollo e investigación. Pero dejemos esta arista para un próximo artículo, y pensemos más en la segunda: la doña en la Valle-Coche que es incapaz de convertir esa idea del combo mañanero en una micro, pequeña o mediana empresa que genere valor para ella y sus empleados.

El cliché clásico para este tema se resume en “formación para el trabajo”. Este es el típico discurso de “tenemos que invertir en educar al pueblo para que logre la independencia económica”, seguido por el clip de televisión que incluye un grupo de doñitas agradeciéndole al presidente por el curso que acaban de recibir en –qué se yo- marketing microempresarial y aclamando que al fin van a poder montar la microempresa de tejidos indígenas que siempre han querido.

No me malentiendan, no tengo nada contra la formación para el trabajo, y mucho menos contra doñitas que hacen tejidos indígenas. Mi problema es que este tipo de soluciones generalmente obvia una pregunta fundamental: ¿cuánto hay pa´ eso?

Si estamos preocupados en montar un gobierno de transición –o cualquier gobierno en todo caso- no podemos sentarnos a decir “hay que hacer esto hay que hacer aquello”, como si lo único que hay que hacer para lograrlo es meter la mano en el saco de petrodólares e inventar un nombre catchy (por cierto, propongo misión emprendimiento innovador para la liberación digna –MEIPLD-).

Entonces, volviendo al caso que nos atañe. Si bien invertir en formación para el trabajo puede ser importante, este enfoque falla en ofrecer el mejor “bang for the buck”. Hay que recordar que de cada Bolívar Fuerte que se invierta en un programa como este, una parte significativa se te va a ir en la burocracia, y con lo poco que te queda el mejor impacto que vas a lograr es una proliferación de microempresas que generan –por naturaleza- poco valor y con limitadas oportunidades de crecimiento.

¿Entonces, qué hacemos? Dos palabras: Doing Bussines.

El informe “Doing Bussiness 2011” preparado por el Banco Mundial con el objetivo de medir las regulaciones nacionales para hacer negocios, contiene un par de perlitas impelables. Entre 183 economías estudiadas Venezuela se encuentra en el puesto 172 en el índice de “Facilidad de hacer negocios”. Entre las múltiples cosas que miden tenemos que en nuestro país a un emprendedor le puede tomar 141 días inscribir una empresa, lo cual es casi tres veces el promedio de la región (56,7 dias), y más de diez veces el promedio de los países OECD (13,8). Y esto es sólo una muestra de las barbaridades que se encuentran en el informe.

Ahora, además de poner en evidencia el crítico estado de las oportunidades empresariales de nuestro querido país, el informe también puede ser visto como una  “to-do list” para un gobierno. Cada una de las mediciones de Doing Bussines puede utilizarse como un objetivo claro para un gobierno de transición.

¿Qué mayor favor le estaríamos haciendo a los emprendedores del país que bajarle el tiempo de tramitación de su empresa de 140 días 50? ¿O llevar el tiempo que tiene que invertirse en pagar impuestos de 864 horas al año a 380? Modernizar nuestro sistema de registro de empresas, o agilizar nuestro proceso de pago tributario no es necesariamente más barato que montar una red de centros para la dignificación del emprendedor. Pero esta es la clase de cosas que te genera mayor rendimiento: cada Bolívar Fuerte que gastas no se te va a aumentar la burocracia sino en disminuirla, y eventualmente generas un ambiente propicio para la proliferación de empresas (más pequeñas y medianas que micro probablemente) con mayor generación de valor, oportunidades de crecimiento y contribución tributaria (¡cachín, cachín!).

¿Ustedes qué dicen? Abro la discusión.

Marianne Caballero – marianne.caballero@gmail.com – @MCCaballero

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¿Cómo superar el problema de la inflación en Venezuela?

Posted on febrero 2, 2011. Filed under: Seguridad Económica |

Fuente: Banco Central de Venezuela y Banco de la República de Colombia

En 2010 la inflación anual venezolana cerró en 27,2%. Este resultado ubica a Venezuela como el país suramericano con la mayor tasa de inflación, seguido por Argentina con 10,9%. Todos los países suramericanos lograron reducir drásticamente sus tasas de inflación en los últimos 20 años, hasta llevarlas a niveles inferiores a 10% anual. Sin embargo, nuestra inflación anual promedio de los últimos 20 años alcanza el 33,5% ¿Por qué nos quedamos atrás en este ámbito? ¿Qué hay que hacer para bajar la inflación y de esta forma preservar el valor de nuestro dinero? Para responder estas preguntas es útil pasearse por las experiencias latinoamericanas más relevantes. (más…)

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El Petróleo como Herramienta de Desarrollo en el Marco de la Transición.

Posted on enero 24, 2011. Filed under: Seguridad Económica |

José Ramón Morales Arilla – Jose.morales.arilla@gmail.com – @josemoralesa

Entre 1965 y 1998, los países de la OPEP crecieron a una tasa de apenas 1,3% anual, mientras los países en desarrollo no petroleros lo hicieron a 2,2%. La aparente “maldición” sobre los países ricos en recursos naturales (petróleo en particular) ha sido ampliamente analizada en la literatura económica. La volatilidad de los ingresos provenientes del negocio petrolero, la pérdida de competitividad por la apreciación del tipo de cambio, y los efectos institucionales perversos producto de la concentración de las rentas en manos del Estado suelen argumentarse como las principales aristas del problema.

No es imposible despojarse de esta maldición. Existe un puñado de países que, apalancándose en sus recursos naturales, han logrado impresionantes procesos de crecimiento económico y desarrollo social (Botswana, Chile, Noruega, etc.). Venezuela dejó de formar parte de este selecto grupo a principios de los 80’s.

Fuente: BCV, Cálculos Propios

Fuente: BCV, Cálculos Propios

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

De acuerdo a las cifras del BCV, Venezuela creció a una tasa promedio anual de 6,3% entre 1950 y 1979, siendo para la época una de las tasas de crecimiento más altas a nivel mundial. Sin embargo, a partir de 1980 solo hemos crecido en promedio al 1.9% por año, es decir, a un tercio de la velocidad promedio previa. Además, el crecimiento ha sido dos veces más volátil.

Durante los últimos 12 años hemos crecido en promedio al 2.56%, lo cual es decepcionante después de haber vivido el boom petrolero más grande de la historia. Tomando en cuenta que nuestra población ha crecido a una tasa de 1.75% durante estos años (Fuente: INE, Cálculos Propios), el Crecimiento Económico por Persona ha sido de apenas 0.81%. Peor aun, nunca habíamos crecido de forma tan volátil como en este período.

El petróleo nos llevó de ser un país atrasado, empobrecido y anárquico a principios de siglo XX, a ser un país urbano, moderno y próspero en los 70’s. Las grandes preguntas frente a nosotros son:

1.    ¿Cómo retomamos esa senda de crecimiento?

2.    ¿Cuál es el rol que debe jugar el petróleo para retomarla?

3.    ¿Qué reformas deben implementarse para que el petróleo juegue el rol que le corresponde?

4.    ¿Qué tan viable son esas reformas, en el marco de la transición?

Curar la maldición de los recursos en Venezuela no es un problema técnico. Es un problema de voluntad y capacidad política para desarrollar las reformas necesarias. Los mecanismos para minimizar la apreciación de la moneda, garantizar estabilidad y buena planificación en la inversión de rentas petroleras, y evitar la corrupción y el clientelismo en su ejecución existen y no son inmanejables para la burocracia venezolana.

Desafortunadamente, los oficiales electos tienen incentivos para obtener ventaja política sobre sus adversarios a través del control y distribución discrecional de las rentas, socavando la aprobación de las medidas necesarias, o revirtiendo su aplicación. Así también, cada grupo de interés en la sociedad demanda “su porción” de la renta de forma inmediata, al punto que ahorrar y planificar tomando en cuenta los intereses de largo plazo de la nación se hace políticamente inviable.

Hacia el final del segundo período del Presidente Caldera, con precios petroleros desplomados, se aprobó la Ley del Fondo de Estabilización Macroeconómica con el objetivo formal de ahorrar recursos cuando el petróleo subiera, y así enfrentar los problemas económicos e institucionales estructurales que el petróleo generaba sobre el desempeño económico y la dinámica política dentro del país.

Tan pronto subió el petróleo se aprobaron 7 reformas a dicha ley para darle al Presidente Chávez mayor discrecionalidad en el manejo de los recursos. 10 años después, habiendo vivido el boom petrolero más alto de la historia, el FEM está prácticamente vacío, y no solo nos hemos gastado las rentas, sino que hemos endeudado a PDVSA y a la República hasta niveles insostenibles.

No necesitamos un sistema perfecto desde el punto de vista macroeconómico, sino uno que alinee los incentivos de los actores políticos con los intereses de largo plazo de la nación. Las buenas reformas que no se aprueban, que se revierten o cuya implementación deslegitima o desestabiliza al gobierno no son buenas reformas. Son malas reformas.

Esbozaré algunos principios para la reforma que necesitamos en el próximo artículo.

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  • @enlacevzla

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