¿Transferencia tecnológica? No, gracias.

Posted on marzo 9, 2011. Filed under: Seguridad Económica |

Por: Daniel de Majo

Hay algo que deben tener muy claro los próximos gobiernos de Venezuela: no son muchos más los años que quedan del petróleo como fuente abundante de dinero. En el mundo se están haciendo esfuerzos titánicos para generar fuentes más limpias y económicas de energía, por lo que nos toca empezar a desarrollar otros sectores de la economía.

Lamentablemente, somos especialistas en muy pocas cosas. Es por eso que, cada vez que necesitamos de tecnología para desarrollar algún sector, explotar nuestros recursos naturales o incursionar en un nuevo mercado, hemos recurrido a la transferencia tecnológica de alguien en el exterior.

La idea en principio no es descabellada, y pareciera tener mucho sentido:

Escogemos un sector que queremos desarrollar, buscamos algún país que ya tenga trayectoria y les abrimos las puertas para que inviertan en Venezuela. Nosotros ganamos una tecnología que no existe en el país, con muy poco riesgo involucrado, se capacitan a venezolanos, se traen capitales extranjeros y se crean empleos. Ellos, logran entrar a un mercado desatendido, en algunas ocasiones con concesiones, convenios de exclusividad o beneficios fiscales.

Sin mucho análisis, la cosa pinta bien: si no tenemos una tecnología y alguien la tiene, pues lo traemos y nos aseguramos que una vez ellos se vayan, hayamos aprendido su tecnología y podamos seguir adelante sin ellos.

Ahora, ¿será real esta transferencia tecnológica?

En principio hay que entender que en los mercados donde se invierte fuertemente en investigación y desarrollo son sumamente competitivos y riesgosos. El proceso de desarrollar tecnologías es caro, y en la mayoría de los casos, no es exitoso. Sin embargo, las ocasiones donde se logran avances tecnológicos y son mercadeables, se generan ventajas competitivas tan grandes, que hace que valga la pena el riesgo.

Dado esto, las empresas que desarrollan tecnologías, tienden a proteger su gallina de huevos de oro mediante 2 posibles métodos: el secreto industrial o la patente.

El secreto industrial es simplemente contrario a la transferencia tecnológica, por lo que nos quedan las empresas que se van por la protección legal de sus desarrollos. En estos casos, las empresas buscan todos los mecanismos posibles para poder crecer geográficamente sin poner en riesgo el uso exclusivo de su invención.

El primer paso es patentar la tecnología en el país destino. Lamentablemente en Venezuela es prácticamente imposible lograr una patente, por lo menos en un tiempo lo suficientemente corto como para proteger la tecnología antes de que se vuelva obsoleta.

Una vez inicia el proceso de transferencia, se implanta en el país la infraestructura capaz de producir y utilizar la tecnología. En algunos casos, incluye la construcción de plantas para la producción y capacitación de personal local en el uso de esta tecnología. Véase bien, uso, no desarrollo. Casi siempre los nuevos desarrollos quedarán en casa matriz, nosotros sólo seremos usuarios. De esta manera se protegen de no perder su ventaja competitiva.

No siempre es así. Hay experiencias exitosas de transferencia tecnológica real: al momento que Brasil tomó la decisión de implantar una tecnología de televisión digital, existían 3 grandes estándares de dominio mundial: el americano (ATSC), el europeo (DVB) y el japonés (ISDB-T). Luego de realizar los estudios técnicos y económicos, el gobierno de ese país decidió adoptar el que veían que se acercaba más a sus requerimientos: el japonés. Sin embrago, dado que Brasil es un mercado tan grande, se dieron el lujo de condicionar la elección a que se desarrollara un estándar particular para las características de ese país (SBTVD-T)  y que la fabricación de todos los componentes electrónicos se realizara en suelo brasileño. De esta manera se logró que la tecnología se trasladara al país destino y se empezaran desarrollos, que han venido convirtiéndose en una fuente muy importante de ingresos y beneficios económicos para ese país.

Si no se trabaja la transferencia tecnológica con una visión similar al ejemplo anterior, por si sola no es más que recibir el pescado sin preocuparnos en lo absoluto en aprender a pescarlo. No hay caminos cortos, y el progreso pasará por escoger sectores estratégicos, invertir en investigación y universidades y concertar políticas de cooperación público-privada.

La protección del capital intelectual es clave. Se debe desarrollar un sistema de patentes eficiente que permita traer tecnologías de cualquier parte del mundo sin riesgo a plagio por no existir instituciones y leyes que los protejan. Las políticas de protección deben ir acompañadas a convenios internacionales de homologación de patentes y cooperación que permitan aumentar el poder de negociación de los países.

Ningún país se vuelve próspero apostando a traer indefinidamente tecnologías extranjeras. Nos toca esforzarnos, aprendiendo de las experiencias de otros países y planificando y sosteniendo políticas a largo plazo de desarrollo tecnológico.

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danieldmv@gmail.com

@dandmv

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2 comentarios to “¿Transferencia tecnológica? No, gracias.”

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Yo creo que hay que re-enfocar: el asunto no es “la tecnología” sino la “capacidad tecnológica”. Es un cambio de perspectiva sutil pero profundo. Importar tecnología es muy fácil: uno hace un (petro) cheque y unos meses después baja la maquinaria en Puerto Cabello. Lo que no se puede comprar con un cheque es la capacidad local para digerir, adaptar, operar, reparar, mejorar y -eventualmente- sustituir esa maquinaria por otra mejor desarrollada localmente.

Yo soy firme creyente en el enfoque del Sistema Nacional de Innovación – la capacidad innovativa hay que concebirla como un sistema entrelazado de universidades, centros de investigación públicos y privados, laboratorios de R&D y prácticas cotidianas en las empresas en si. A los privados les cuesta una y parte de la otra innovar si no hay un marco institucional que sostenga la práctica innovativa – y eso va desde derechos de propiedad intelectual hasta suplir el mercado laboral adecuadamente con ingenieros, técnicos e investigadores. Es decir, la unidad de analisis es el sistema, no sus partes.

Es fregado, pero es así.

Ahora, tampoco hay que achicopalarse. La mayoría de las innovaciones que realmente sostienen la competitividad de una empresa o un sector no son las grandes cosotas que salen en la portada de Nature o en los keynotes de Steve Jobs. Son innovaciones incrementales, pequeñas mejoras puntuales en procesos productivos que, cuando se acumulan, sostienen mejoras continuas de la productividad. Es el Toyota Production System, pero tomado como guía a la actividad en todos los sectores.

Hay mucho que el gobierno de transición va a poder hacer para habilitar ese proceso, pero quizás lo más importante va a ser quitar los obstáculos burocráticos que obligan a los gerentes a pasar todo el día como Compliance Agents de alguna norma burocrática en vez de tratar de ingeniarse esas pequeñas mejoras que toda empresa necesita para producir más, mejor y más barato.

También hay que bajar el costo de oportunidad de innovar. En un país donde la forma más eficaz de hacer plata es asegurarte el CADIVI, no queda otro desenlace posible que no sea la anticompetitividad y la dependencia.

Importante enfocar el tema en capacidades y no en productos. Este tema lo está trabajando Ricardo Hausmann ultimamente. http://rodrik.typepad.com/dani_rodriks_weblog/2007/07/monkeys-trees-a.html

Un abrazo.


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